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​​Este libro es una muestra de la validez del antiguo proverbio que escuchamos desde niños y que dice que una imagen vale más que mil palabras. En este caso ese valor se multiplica porque esta obra no es una colección de retratos singulares, sino de miradas dobles, antiguas y modernas, salidas del ojo del artista forense que ha querido registrar los cambios sin comentarlos, señalándolos solamente como obviedades o como lecciones del devenir.

Publicado por el Archivo General De La Nación 

Prologo por Frank Moya Pons.

Nací en la ciudad de Santo Domingo, en febrero 1ro y desde muy pequeño me sentí atraído por los colores y las formas de mí alrededor. Supongo que de esos detalles nació mi vocación artística, puedo decir que lo llevo intrínseco desde siempre, por lo que más adelante decidí fortalecer esas capacidades. 

 

Para el 2001 pase a residir en la ciudad de Nueva York, buscando un mejor horizonte donde poder desarrollar y darle más impulso a mi interés por el arte. En aquella ciudad pude obtener, en gran medida, las herramientas necesarias para desarrollar mis aspiraciones en todo lo relacionado al arte, en especial la fotografía: 

 

School of visual arts (SVA) “Edición digital”, 2004.
International Center of Photography (ICP) “Técnicas y fundamentos fotográficos”, 2006.


Terminados mis estudios fui recomendado como asistente para la fotógrafa de moda Eva Muller (2005-2008), la cual me mostró nuevas técnicas como la tridimensionalidad en los retratos “there’s no limits”, siempre me decía Muller.

 

Mi disciplina de trabajo y más que todo mis ansias de experimentar me llevaron a hacer trabajos misceláneos dentro de la fotografía, como por ejemplo trabajar en la firma de arquitectos “Freeman Architects” (2009- 2013), gracias a esta experiencia pude fotografiar interiores y la vez descubrir la profundidad de campo.

 

Uno de mis proyectos personales más gratificante fue “Riverstone  Senior  Life  Services” (2011), New York. Un hogar de envejecientes, el cual consistía en hacer fotografías documentadas, las cuales me llevaron a comprender que las expresiones humanas son infinitas.

 

De regreso a mi país (2013), volví a sentir un gran aprecio por las riquezas que ofrece la cotidianidad de nuestra folclórica quisqueya en cada personaje. Desde ese entonces me he dedicado a capturarles a través del lente y a darle forma artística, en una variedad de estilos que representen ciertas características de su colorido y expresión.

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